En este deporte se conoce a gente estupenda :-)

A Lucy la conocí en Julio de 2008 en Champex-Lac. En aquellas fechas yo estaba realizando, junto al equipo The North Face, un entrenamiento para el UTMB de ese año y ese día habíamos recalado allí procedentes de Courmayeur. Mientras devorábamos un más que abundante plato de espaguettis a la Champec-laccarbonara en un restaurante situado enfrente del lago, Kim Gaylord (mujer de Topher), la vio pasar junto a Jez Bragg y salió a saludarla. Quedaron en encontrarnos todos por la noche en el hotel donde estaban alojados y cenar allí.

Durante la cena, Lucy me contó que estaba entrenando para el CCC, en el cual, el año anterior, había acabado en segunda posición, tras sufrir el contratiempo de perderse, precisamente, en Champex-Lac, cuando dominaba la carrera con autoridad. Para esta edición confiaba en que la victoria no se le escapase, como así fue finalmente.

A la mañana siguiente quedamos todos juntos en una pastelería situada casi a la salida del pueblo y, una vez reunidos todos los efectivos, iniciamos la aproximación a Bovine.

Recuerdo que durante la subida, Lucy charlaba animadamente con Kim, mientras yo, unos metros más atrás, no desperdiciaba una sola bocanada de aire para tratar de mantener su ritmo, empresa esta que se me antojó imposible, con lo que, en relativamente poco tiempo, me cogieron una gran ventaja.

En la terraza de La Bovine, situada prácticamente al final de la subida, Kim, Lucy, Topher, Sebastién Chaigneau, y Scott Jurek esperaban a los más rezagados a fin de bajar, más o menos todos juntos, a Trient.

Tras el repecho inicial, Lucy adivinó mis intenciones, así que me dejó pasar y Scott Jurekrealicé un descenso “a tumba abierta” hasta el Col de la Forclaz, donde conseguí llegar, eso sí, bastante exhausto, con el grupo de cabeza. Scott me ofreció una gominola, que no rechacé (cualquier refuerzo calórico era bienvenido).

En la subida a Catogne nos volvimos a dispersar, así que tocó reagruparnos de nuevo en Vallorcine, donde aproveché para comerme un bocadillo con relativa tranquilidad. Cuando ya pensaba que el “trabajo duro” estaba hecho, fui advertido de que todavía quedaba afrontar la ahora mítica subida de la Téte Aux Vents, la cual fue incorporada al recorrido del UTMB ese año. Glub!

A partir de ese punto, la llegada a Chamonix fue un “sálvese quien pueda”. El que más o el que menos iba un poco “tocado” y administraba las fuerzas como buenamente podía. Incluso en La Flegére algunos sopesaron la idea de bajar en tele-silla.

Fuente ChamonixUna vez en la meta nos refrescamos las piernas en la fuente situada enfrente del Hotel Alpina y nos acercamos a la plaza de la Iglesia, donde, en ese momento, estaba Mrs. Poletti esperando a otros organizadores del UTMB, los cuales estaban acabando de completar la Petite Trotte à Léon con el objetivo de demostrar que era factible realizarlo cómodamente en el límite de tiempo otorgado a los participantes. Tras su emotiva llegada, quedamos todos emplazados a una cena en el restaurante Monchi, con motivo de la celebración del cumpleaños de Topher.

Organizadores_UTMB

Geniales fueron las vivencias durante esos días y, por supuesto, no lo fueron menos un mes después, durante mi participación en el UTMB. Aparte de la evidente emoción de la carrera en sí y mi llegada a meta, tras una agónica lucha contra una lesión de menisco en el km. 135 y el terrible agotamientoUTMB_2008 físico y mental que padecía, fue el cenar con Lucy y sus amigos en el mismo restaurante en el que un mes antes celebrábamos el cumpleaños de Topher, aunque, en este caso, el motivo no era otro que su flamante victoria en el CCC. La noche era agradable, así que cenamos en la terraza con su trofeo presidiendo la mesa lo que provocaba que, esporádicamente, la gente se detuviera a felicitarla e interesarse por el devenir de su carrera.

Lo que no entiendo es de donde saqué las fuerzas para lo que vino después. Creo que era el único loco finisher del UTMB que estuvo de madrugada en un karaoke. Aun no sé hoy cómo pude aguantar tanta “tralla” seguida. Tras la sesión de karaoke,  quedamos para hacer rafting al día siguiente (se nos fue la olla por completo…).

Afortunadamente, al día siguiente hizo mal tiempo y tuvimos que cancelar tan ambicioso plan. Estoy convencido que no habría sobrevivido ni de coña..

Tan fabulosos recuerdos de aquellos días y, después de más de cuatro años sin vernos, este pasado 19 de Enero Lucy me recordaba, mientras ascendíamos con la luz de los frontales la primera subida de la ruta de los 3 Santuaris, que le recordaba poderosamente a Bovine.

En esta ocasión, habíamos salido un poco más tarde de las 6:30 de la mañana Salida_6_30con el grupo congregado a dicha hora, pero pronto, debido a una pequeña parada técnica, nos quedamos solos Lucy, Mesi y yo. Los demás componentes del grupo avanzaban delante a buen ritmo. Nosotros, desde el principio, decidimos tomárnoslo con más calma y hacer de “escoba” si fuera necesario. Mis sensaciones, en parte debido a la falta de descanso suficiente el día anterior y, por otra parte, debido a la incubación de un ligero constipado, no acababan de ser buenas. Aun así, ello no me impedía disfrutar del trayecto y, por supuesto, de la compañía.

Mientras alumbrábamos el camino con los frontales, la meteorología se estaba comportando, con lo que albergábamos la esperanza de que las predicciones no se cumplieran y pudiéramos completar el trayecto con buen tiempo.

Realizada la primera subida, empezamos a prescindir de luz artificial, ya que, aunque apenas comenzaba a amanecer, el reflejo provocado por la luz de los frontales en la niebla reinante a esa altitud impedía vislumbrar el camino.

El tramo boscoso que estábamos atravesando me estaba gustando mucho, aunque el ritmo no era muy vivo, especialmente en las bajadas, debido a que el terreno, bastante irregular y resbaladizo, no era propicio para el resentido tobillo de Lucy. Afortunadamente, poco antes de culminar el descenso, la pista nos permitió aumentar un poco la velocidad.

El ascenso hacia Cabrera nos pareció, sencillamente, espectacular. Mesi y yoSubida_1 estábamos encantados con la tecnicidad del terreno y, por su parte, Lucy estaba asombrada, ya que no está acostumbrada a tener que trepar (y semi-destrepar) en las carreras, especialmente cuando se trata de cubrir distancias tan largas. “Chupado lo tenéis que ver cuando vais a los Ultras por ahí fuera”, me dijo.

El descenso desde Cabrera era técnico y divertido a partes iguales. Además, aunque el tiempo estaba nublado, se podía disfrutar medianamente de las vistas. La anécdota vino al llegar a la Masía previa a enlazar con la pista que nos llevaría a Cantonigrós. Ésta no fue otra que la aparición en escena de un perro que, aunque inicialmente aparentaba que quería jugar con Mesi, finalmente se decantó por darle un mordisco en una pierna. Por suerte no le hizo ninguna herida y pudimos continuar, no con cierto gesto de incredulidad, hasta Cantonigrós.

Unos metros antes de llegar al avituallamiento, Fede nos esperaba con su cámara para inmortalizarnos, así que pusimos nuestra mejor sonrisa, nos esforzamos por ofrecer una zancada grácil y ligera, sacando pecho (por supuesto) y…una vez acabó al sesión de fotos, volvimos a nuestro ritmo ramplón.

Llegada a CantonigrosEn Cantonigrós (km. 25)  solo quedaba Assumpta, lo que era normal, ya que habíamos tardado prácticamente 4 horas y media en llegar hasta allí. Rápidamente nos informa de que ya hacía tiempo que se habían marchado los últimos. Aprovechamos para comer un poco y esperar a que llegara Fede para charlar un poco con él. Finalmente partimos conocedores de que la parte más técnica había quedado atrás.

Al poco de salir ya imponemos un ritmo que poco tenía que ver con el que llevábamos antes. Lucy se siente más cómoda en los tramos de pista y, en apenas una hora, nos plantamos en el precioso y entrañable Rupit (km. 35).

CASA EN RUPIT 1

Aquí Lucy decide que ha tenido suficiente. Ha disfrutado mucho de los kilómetros recorridos pero tampoco quiere forzar  a completar una distancia para la que, ahora mismo, no está plenamente entrenada. A partir de ahora disfrutará de la prueba desde fuera, acompañando a Assumpta y a Fede.

Sin perder demasiado tiempo, Mesi y yo nos ponemos en marcha. Assumpta nos ha dicho que en este último tramo hemos recortado diferencias, así que confiamos en que a lo largo de los kilómetros que quedan, podremos dar alcance a algún grupo.

Mesi se siente bien pero yo no acabo de funcionar. Pensaba que ahora, que vamos al ritmo al que solemos ir habitualmente, empezaría, al fin, a sentirme cómodo. Pero no fue así 😦

Este tramo hasta el Santuari de El Far es más exigente que el anterior. La lluvia arrecia y el viento también. Me refugio dentro de mi cortavientos y trato de ir “con el piloto automático”. El caso es que el recorrido, a pesar de las circunstancias, me está encantando. Mientras progresamos al lado de un desfiladero espectacular no hago más que repetirme: “Esto lo tengo que pillar otro día en que me encuentre fino”.

Cuando apenas quedan 3 kilómetros para llegar al avituallamiento, mi cuerpo ya da señales de agotamiento total. Ni geles ni nada podían remediarlo y me costaba correr incluso cuando el desnivel era más benévolo así que, si ya era consciente de que debía retirarme en El Far, ahora me había reafirmado plenamente. Es increíble lo duro que se puede hacer esto cuando las sensaciones son pésimas. Recuerdo, poco antes de llegar que consulté el GPS y, acto seguido, exclamé: “Puf! Aun quedan 500 metros!!!”

Llegar a El Far fue como llegar a un Oasis en el desierto cuando estás totalmente deshidratado. Nos recibió Lucy, que estaba con toda la cara llena de chocolate. Nos ofreció un vaso y respondí inmediatamente: “Sí, sí, sí, por favor!!!

Avituallamiento de El Far

En este avituallamiento había un ambientazo tremendo, lo que resultó de lo más reconfortante. Entre la cantidad de gente que había allí reunida y el genial despliegue del equipo avituallador, allí se estaba de cine.

A todo esto, Mesi había llegado allí “sin despeinarse” y tenía ganas de más…mucho más. Aunque a mi no me entusiasmaba la idea de que continuara sola con el mal tiempo que hacía, la fortaleza que desprendía facilitó que confiara en que no tendría problemas paraMesi_rumbo_a _La-Salut llegar al siguiente “punto de control”.

Lucy, Fede y yo nos subimos en el coche de Assumpta y pusimos rumbo al Santuari de La Salut (último Santuari y avituallamiento de la ruta).

Al llegar, me cambié de ropa y fui a hablar con Olga Gasset, que me tranquilizó un montón al comentarme que Juan Cabo había decidido acompañar a Mesi desde El Far. A continuación, me metí en el coche de Assumpta, ya que, por mucho que me abrigara, no acababa de combatir el frío.

A través de las ventanillas del coche veía llegar a gente, pero el frío me impide salir. Josep se acercó para describirme, con cara maliciosa, lo que Mesi se estaba encontrando por el camino. Una subida embarrada de 3 kilómetros con 600 metros de desnivel positivo era la guinda del pastel.

Cuando todos los grupos ya han reanudado la marcha, llega Mesi con Juan. Me describe “la subida” como una lucha constante por no dar un paso hacia delante y dos hacia atrás. Al parecer, se tuvieron que ayudar con palos que encontraron por el camino para conseguir progresar. Imposible hoy para mi, pensaba mientras la escuchaba.

Juan llegando a La Salut

Juan decide no continuar y Mesi, al quedarse un poco fría y, de nuevo, sin compañero de fatigas, decide, aunque con un poco de pena, que también lo deja en La Salut. Sin perder mucho tiempo, nos subimos los cinco en el coche y nos dirigimos a Sant Esteve d’En Bas.

Chapas 3SAl llegar, Assumpta nos obsequió con la flamante chapa conmemorativa del evento, lo que nos hizo una ilusión enorme. Después, sin más dilación, nos fuimos al Hotel a ducharnos y prepararnos para la cena de celebración. Antes de dirigirnos al restaurante hicimos una cata improvisada de whisky escocés, cortesía de Lucy.

En la cena nos congregamos buena parte de los participantes. El ambiente se mantenía de lo más animado mientras devorábamos la carne a la brasa y dábamos buena cuenta de vino, cervezas, ratafía, cava,.. El colofón fue una foto de grupo y después…”cada mochuelo a su olivo”. Noooooorrr!! Al acabar la cena unos cuantos valientes nos dirigimos a una tasca a completar el programa de “rehidratación”. Hasta yo me tomé un Gin-tonic, que no lo había hecho en mi vida.. Aprovechamos la ocasión para dedicarle un brindis a nuestro querido amigo Jaume Soler 🙂

momento gin

Por la mañana, los que optamos por estirar el fin de semana en la Vall d’En Bas, nos reunimos para desayunar, dar un agradable paseo por Olot y disfrutar de una suculenta comida en un restaurante de la cercana localidad de Joanetes.

Tras el ágape, pusimos rumbo al aeropuerto, donde nos despedimos de Lucy, convidándola, por supuesto, a futuros encuentros Tallaferros.

Lo cierto es que el denominador común con toda la gente que este gran deporte me ha dado la oportunidad y suerte de conocer, es, sin duda “el buen rollo”. Todos los lazos que se crean son sanos, el trato es siempre amable, educado y se antepone, por encima de todo las ganas de pasárselo bien. Lucy me transmitió, tras su marcha, que disfrutó muchísimo y que se sintió como en casa gracias, en gran medida, a toda la buena gente que ha conocido estos días. Por supuesto, le gustaría repetir otro fin de semana. Y nosotros encantados de recibirla de nuevo.

Marc_y_Alvaro

Cuando el lunes, me senté por la mañana delante del ordenador, tenía la sensación de haber pasado el fin de semana en una realidad paralela. Una especie de “dulce Matrix”. Por supuesto, si se trata de elegir, me quedo con el weekend 😉

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