Naturetrails – Cavalls del Vent 2012: Mi última “frikada”

Tras competir en las dos ediciones anteriores, esta vez, debido principalmente a la proximidad con la Transalpine-run, había decidido no participar.

Con esto dicho, queda claro que este artículo no va  a ser una crónica sobre mi experiencia en la épica carrera que ha culminado con un puñetazo en la mesa del gran campeón, Kilian Jornet, sino..otra cosa…

El caso es que hacía tiempo que me rondaba en la cabeza hacer una pequeña “frikada”. Al fin y al cabo reconozco que estoy en un punto intermedio entre el perfil de persona que disfruta de correr por la montaña sin reparar en nada más (y nada menos) y aquel otro perfil, que, además, lo vive obsesionado con todo lo que le rodea. Quizás estoy más cerca de este segundo que del primero y, quizás, por ello también, me apeteció levantarme esa mañana, con un día de perros y conducir un par de horas bajo una incesante lluvia hasta llegar al mirador del Gresolet.

Por el camino iba “engañando” a mi cerebro, tal como se hace durante las carreras de ultra distancia, evitando pensar “¿pero que pinto yo hoy yendo hasta allí?”. Lo que resultó más efectivo para no darle más vueltas fue hacerme el firme propósito de darme la vuelta en Berga si seguía lloviendo con la misma intensidad. Obviamente, en Berga estaba cayendo una buena tromba de agua, que apenas dejaba divisar la antena de la Figuerassa. Dadas las circunstancias, apliqué lo que se aplica en estos casos en competición cuando se cumple el principio que te puede hacer abandonar por hastío. Este no es otro que decirme a mi mismo: “Si ya he llegado hasta aquí, ¿cómo no voy a continuar?”. Así que, a eso de las 13:00h., me estaba comiendo un bocadillo de fuet en Saldes.

Una vez devorada la mitad del bocata, aparco el coche en el mirador y me preparo para soportar unas condiciones climatológicas que, a buen seguro, no iban a ser nada buenas en altitud.

Mi plan inicial era correr hasta el Prat de Aguiló y acompañar a los primeros hasta el Estasen. Iluso de mí..

Inicio el ascenso por la pista a ritmo tranquilo, al fin y al cabo tenía el fuet en la garganta, y poco a poco voy cogiendo sensaciones. Tras un ratillo dándole me planto en El Collell y comienzo a ascender por donde están las marcas de la carrera. Me sorprende gratamente que han variado el trazado y, en lugar de bajarse por la pista ancha, la organización ha decidido marcar el recorrido por un atajo que, el año pasado, algunos utilizaron, entonces ilegalmente, para ahorrarse un buen puñado de minutos (doy fe porque el año pasado lo ví con mis propios ojos). En cualquier caso, me parece un acierto el cambio, ya que, aparte de ahorrarse el tener que controlar este tramo, el camino del atajo es mucho más divertido.

Cuando apenas me quedan unos metros para rematar este primer trecho de subida, se me aparecen Anton Krupicka y Kilian Jornet a una velocidad de vértigo. El primero baja sonriente (como si estuviera pasándoselo pipa subido en una atracción de feria) y, el segundo, marcándole a apenas una zancada de distancia con gesto de gran concentración. Del espectáculo que se apareció de repente ante mis ojos me llamaron poderosamente la atención tres cosas (aparte de que hubieran llegado allí tan pronto); primeramente, que Anton Krupicka fuera en cabeza (sinceramente no contaba con que hubiera alcanzado este nivel de forma), que Kilian iba especialmente abrigado de cintura para arriba (con un primaloft azul) y que la velocidad a la que estaban bajando era de otra galaxia.

Inmediatamente descarté la idea de darme la vuelta y tratar de seguirles. Su ritmo era inalcanzable y, con los cuádriceps fríos, incluso peligroso intentarlo. Decidí continuar, al fin y al cabo, el número de figuras de primer nivel participando era elevado.

Al cabo de 11 minutos de reanudar la marcha y justo cuando se accede a la Serra Pedregosa, aparece Dakota Jones. La verdad es que, por un momento, dudé si era él o un espectro con su apariencia física. El hombre estaba con el rostro desencajado y la mirada perdida, como si una nave espacial le hubiera soltado allí y estuviera totalmente desorientado. Le dí ánimos y le informé de que Anton y Kilian iban unos 15 minutos por delante. Me contestó (o al menos eso creo) con un gemido.

Decidí continuar hacia el Pas dels Gosolans, ya que, por una parte,  mi ascenso me había sabido a poco, por otra, a Dakota lo veía demasiado sumergido “en su mundo” y, además, aun tenía esperanzas de encontrarme en breve con Heras, Tófol,..

Lo que realmente me encontré en la Serra Pedregosa era un viento y un frío que poco tenía que ver con el clima del ascenso anterior. En breve me cruzo con un chico bien pertrechado y tapado con la capucha. No le reconozco y, admito que en aquel momento pensé que era un “friki” como yo, que había decidido entrenar por allí aquel día. Pocos metros detrás me encuentro a Phillipp Reiter, flamante campeón de la Transalpine-run, al que le informo de que Dakota va 5 minutos por delante y que, en breve,empezará el descenso. Cuando levanta la mirada para contestarme observo una cara de sufrimiento extremo. De hecho me lo corrobora con un comentario suyo.

Aunque noto que el frío me está empezando a hacer mella, ya que el viento me da de frente, decido continuar un poco más. El problema es que, conforme avanzo, los cuádriceps comienzan a contracturarse así que, llegado al Clot Palomar y visto que no venía nadie hasta donde alcanzaba mi visión, decido darme la vuelta y dar alcance a Phillipp Reiter.

Me coloco detrás de él pero no le digo nada. Sé que va concentrado en superar ese gran sufrimiento. Su ritmo me resulta fácil de seguir (obviamente yo no llevaba casi 50 kms. en las piernas de extrema dureza). Observo que todo el tiempo se ayuda de los palos, incluso en llano. Al llegar al punto donde poco antes me había cruzado con Dakota veo que  incrementa un poco el ritmo. En esa zona ya se corre resguardado del viento e intuyo que se siente más animado en el descenso.

En poco tiempo da caza al chico con el que me había cruzado antes. Al ponerme a su lado le pregunto si está haciendo la carrera. Me contesta que sí. Entonces le pregunto por su nombre, ya que no le conozco. “Manuel Merillas”, me contesta. El caso es que he de admitir que, ignorante de mí, no había oído ni leído nada sobre él pero que, obviamente, estaba haciendo un carrerón. Me confiesa que en esos momentos no puede bajar como Phillipp, pero tampoco parece importarle en absoluto.

Entramos en la zona técnica del “atajo” y dejo que vaya unos metros por delante. Mientras descendemos compruebo que había hecho muy bien descartando bajar detrás de Kilian, ya que el terreno tenía tramos bastante embarrados en los que, cuesta abajo, había que tomárselo con calma para evitar una más que probable caída.

Al llegar al Collell reanudamos una animada conversación, en la cual me informo un poco más acerca de la biografía de Manuel. Lo que más me llama la atención es que simplemente va haciendo su carrera. No repara en Phillipp, que avanza a unos escasos 100 mts. por delante. Solo escucha su cuerpo y nada más. Me confiesa que tampoco sabe ni qué hora es. Le digo que tengo hora y se lo puedo decir, a lo que me contesta: “Da igual, mejor que no”.

Antes de la subida al Estasen me despido de él, no sin antes darle muchos ánimos en lo que resta de competición. Lo cierto es que me ha causado una muy grata impresión, demostrando una gran madurez en la lectura de la carrera.

Después me quedé un rato charlando con unos chicos que estaban refugiados dentro de una furgoneta. Me ofrecen caldo y todo pero les comento que tengo el coche un poco más abajo y que, simplemente, voy a subir a ver el ambiente del Estasen y ya se acabó por hoy.

Esto último creo que fue un “craso error”. A toda la gente que me iba encontrando en el camino les tenía que advertir de que no era un participante en la carrera. De hecho, hasta me han hecho alguna que otra foto. Al llegar al refugio, obviamente, todavía fue peor, con todo el gentío animándome fervorosamente y yo teniendo que decirles “¡Ya me gustaría ir sexto!”. Me decían entre risas que “daba el pego”, ya que estaba perfectamente tuneado y calado hasta los huesos.

Me quedé apenas unos minutos conversando con un grupo de gente porque pronto el frío empezaba a manifestarse con fuerza y comencé a descender hacia el coche. En este corto tramo me tocó de nuevo anunciar “a bombo y platillo” que no estaba participando en la carrera, ya que me encontraba a numerosos fotógrafos y gente con cámaras “Go Pro” posicionados en los márgenes del camino.

Una vez en el coche, me puse ropa seca de inmediato y, feliz de la vida, inicié mi vuelta a casa.

En definitiva, lo que iba a ser un entreno “normal” de sábado, lo convertí en algo especial. Entrenar y, a la vez, vivir como “espectador activo” (vamos llamarlo así) un episodio de esta épica edición de Cavalls del Vent, no tiene precio. Al final, y como suele pasar en las carreras de ultra resistencia, cuando consigues superar el bache provocado por las dudas y la falta de motivación, lo que viene a continuación siempre hace que merezca la pena el esfuerzo 🙂

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